domingo 4 de octubre de 2009

it beats me every time

alarm clock. el playlist de reproducción asignado a la alarma del iPod lleva tres meses -quizás más- sin ser cambiado. no lo tengo conectado a los parlantes del microcomponente  genérico lider por que estoy en lo temuco, pero los audífonos estropeados luego de tres años de funcionamiento me despiertan con su impertinente sonido. llovizna ligeramente, y el gris panorama de mi ventana me recuerda que solo esta clase de días me gustan aquí, con un frío seco sin neblina y todo un pasado al que relacionarse solo por el olor del frío y la apatía de las personas.

teenage freud. soñé que me salía una espantosa pero solucionable espinilla en la punta de la nariz. entraba al baño y con pulcritud intentaba reventar aquella desagradable pústula, de la cual comenzaba a salir pus y mas pus. junto a esto, mi nariz comenzaba a disminuir en tamaño, y cuando todo el pus hubo de desaparecer, no había nariz en mi rostro, ni tampoco rastro de que alguna vez existió en ella. desperté con miedo.

teenage freud 2. soñé que era parte del staff de producción de un reality subterraneo -tipo el nominado, tengo entendido- que nunca veía. mi trabajo requería el uso de un overol, pero básicamente debía pasear por una especie de supermercado tipo Líder pero veinte veces su tamaño, y bajo tierra. hacía estos recorridos en una especie de triciclo de una forma muy similar a the shining. comía cheetos y cosas de la tienda, y me hacía de un exquisito bolso de cuero que habría de reemplazar al que tengo. una pareja discutía y el hombre podría ser -o se parecía de sobremanera- a walter kliché. me ponía de por medio y arruinaba las posibilidades de kliché, y huía en mi triciclo, con unos gritos de fondo que sonaban por todo el supermercado y que reconocí demasiado bien para comentarlo. 

walcott. la oí hablar de temas de adultos mientras comía. no me sorprendió demasiado ya que la realización de un efectivo cambio de ambiente había ocurrido en mi hace ya -bastante- tiempo, pero el arte de evitar la vista ante esto es sutil. me pregunté que sería de toda esa gente nueva que desaparece cuando las obligaciones dejan de ser, y -nuevamente- me quejé de mis estropeados audífonos, judaizando la idea de comprar nuevos. fui a la UFRO y tiene muchos menos murales comunistas y los arboles amarillos la hacen ver casi -por muy poco- decente. supongo que ahora me gusta el sol y el calor, pero no aquí.