lunes 1 de junio de 2009

save me the waltz

Celebré mi cumpleaños hace aproximadamente quince días, aunque quizás sean más. con mes y medio de anticipación, resulto ser un evento social lo suficientemente divertido para comentarlo de manera constante. llegó la mitad de la gente y aún así fue un numero enorme, y desperté al otro día para encontrar escrito "Pablo" y un enorme falo a un lado, echo con pasta dental. todos perdieron el resabio de dignidad que pudieron tener y yo me mantuve vivo, por que últimanente mi vida es un ejercicio de rehab constante del cual hablaré más adelante.

El viaje a Temuco pudo tener cosas destacables pero comienzo a sentir que cada vez que voy es lo mismo, con distintas pausas comerciales. fui a una tocata en una enorme "okupa" punk donde una banda hacía covers de the strokes. el público actuaba despectivamente ante aquella banda extranjerizante y parte de la audiencia amable sacaba fotografías con cámaras digitales profesionales que costaban más que despiojar aquel lugar. un perro tenía ropa punk y me encontré con las amistades ebrias que nunca crecen pero se dejan crecer barba. desperté con las cañas usuales solo para almorzar y reír publica -y secretamente- de las amistades de madre, que en su madurez, sueñan más que la gente joven.

volví por que los días allá son más aburridos que estar acá esperando la clase de pirámide invertida. hice las observaciones de rigor y un poco más que eso, exponiéndome un poco más de lo que me hubiese gustado. once upon a time, self control solía ser lo mío. el café tenía mucha azúcar y dejó de tener alcohol por que me lo propuse así, al menos temporalmente, solo para evitar la dolorosa verdad de que cuando no bebo, soy el silencio personificado. renuncié a mi abstinencia el viernes, en vísperas de aquellas fiestas memorables de las que todo-el-mundo-habla -y espera- y que finalmente se cancelan. la moral me atacó y terminé en suburbia, increíblemente lejos y cerca de la linea del tren. netbooks al suelo, botella al suelo, colchón al suelo, habitación disney con jeroglíficos en el techo y frío. odio este fin de semana por que el pasado es un animal grotesco que tiene el habito de tener la razón. 




1 comentarios:

lolo dijo...

La pirámide invertida es casi tan detestable como el café sin alcohol.
hola, estoy haciendo hora para enntregar mi editorial a modo del lenguaje de La Cuarta.
sí, leyó bien.
te amo.
chao.