1. un gimnasio de escuela municipal en la ciudad baja de temuco, con luces rojas y madera para cuidar el piso. poetas old school que sufrian menos de lo que escribian. la nocion de que cada dia era mejor que el anterior y que todo lo que dijeses era potencialmente genial. risas de principio a fondo de la audiencia, banda jazz invitada que toca mientras tu hablas y luces rojas que solo pueden verse bien. hiperventilación por que despues de ocho años todo parece tener su lugar incluyendo amistades y amores platonicos.
2. tarde de indecisión marcada por abrazos de gente de verdad. tarde al sol en el pasto de la placa muncipal del pueblo. café y helados y pan con lisa y bebidas baratas. poesia mala. espera de mucho rato fuera de un mcdonalds mientras todo-el-mundo se dirige al evento social de la noche correspondiente. entrar a la cueva del enemigo, donde no hay maldad por que todos son los enviados especiales de dios. me molesta la no maldad. completos y coca cola mientras el jazz suena y posiblemente yo y mi moreno amigo somos los unicos realmente escuchando. ultimo vaso de solamente coca cola y ir a casa y dormir tranquilamente por que la solución llega de la nada.
3. cuando todo el dia en el liceo era una buena idea. de ocho a ocho, donde comenzabas en clases omitibles por que en esa época se escribía mal pero mucho, con almuerzos inexistentes o pan o algo asi y tener algo que esperar cada recreo, mientras en el pasto miras al cielo y te ries de lo jodidamente ingeniosillo que eres. trululús, discman y conocer a todo-el-mundo. pedir cien pesos para la micro, sentarse en la plazita tipín 6 y quedarse ahi hasta que la luz externa ilumine y tengas que irte por que cerrarán y el clima es frio y agradable.
4. dos semanas de dormir en el piso y llegar a la casa solo a ducharse. de mantenerse debajo de todos y aún asi entenderlo todo casi mejor. dormir con mucha gente por el frio, en posición cuchara en el tercer piso. tratar de mantenerse como una persona recta no y lograrlo al septimo día. un viaje a santiago que tuvo el peor de los inicios y el más surreal de los finales. cansancio, confusión y atisbos de lo que sería la vida en el futuro, cuando la seguridad de ser ingenuo se acabase.
5. salir y matar tiempo sentado comiendo pan con lisa en una tarde de soltería, como solia llamarse. matar hasta las cinco por que habia que sentarse en el edifico viejo al borde de la ciudad y esperar a que el porvenir llegase en ruedas gastadas y buses feos y tener tranquilidad y vida social común y corriente, cosa extraña para quien tiene vocación de social outcast.

4 comentarios:
qué chucha es el pan con lisa? por qué siempre hacís hueás tan raras?
pw, quién no cacha el pan con lisa?
Pablo: la nostalgia pega, no siempre gratamente, pero al fin se puede tornar dulce a ojos de quien re-memora. Hay que considerar, eso si, que el trabajo de re-cordar es, sobre todo, una construcción, es decir, casi siempre un artificio que proyecta deseos inconclusos o frustraciones más amables e, incluso, traumáticas: desafectos, incomprensión, soledad. En fin, me llama la atención esa manía de enumerar los párrafos, la temprana manera de no ser-siendo y el despliegue de algunas fajas de personalidad que impugnan el no querer ser alguien. Un leve destello a pre-ocupaciones típicas de un temucoso que reniega de lo sur, aunque, a ratos, se desborda en un sentimentalismo exento de culpas.
No re-cuerdo cosas agradables de mi final de secundaria. Sólo milicos, rostros vacíos (no más que ahora) una sociedad plomiza, aunque, ¡ah! si, tardes de una exquisita devoción al cine en VHS. Lo demás, como quiere o pretende mi generación (deleitarse en lo ochentas, especialmente con la música) me parece una aberración horrible e inconfesable. Me produce una vergüenza ajena que no puedo contener y ni siquiera expresar.
P.S.: el pan con lisa es un clásico, aunque en mi memoria ocupa un lugar privilegiado e intolerable el pan con ají.
hola no me gusta el pan con lisa
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